Sujeto de investigación

En este artículo se presenta el sujeto de investigación como la persona, con formación científica, que piensa el objeto de investigación.

Por Lizardo Carvajal: Escritor, docente universitario, editor académico y científico colombiano. Autor de libros en la materia de Metodología.

En forma sencilla, diremos que el sujeto es quien piensa al objeto. Así que el objeto es lo pensado por el sujeto.

De esta forma es fácil entender que el sujeto de investigación es la persona, eso sí, con formación científica que logra pensar al objeto de investigación.

Ahora bien, estamos diciendo del requerimiento de pensar en forma libre, con conciencia. De no hacerlo, el sujeto se enajena y se convierte en objeto, es decir, en ser pensado.

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Es un agente social

Los descubrimientos, las invenciones cumplen un uso social. Las leyes conocidas y las nuevas soluciones, los inventos, están en relación con ofrecerle a la humanidad mejores condiciones de vida. Lo contrario se denomina alienación o enajenación, mejor dicho una perversión.

Toda la labor científica del sujeto, tiene como cometido la solución de asuntos sociales, de problemas que tienen qué ver con la humanidad, el investigador existe en función de la sociedad.

Descubre leyes del movimiento

La palabra ley, debe ser entendida en esta exposición como constante. ¿Qué es una ley? Pues una constante del movimiento. Por ejemplo la ley de la gravedad, le decimos ley, porque la gravedad es constante en las condiciones descubiertas por Newton y demás científicos. Así con todos los demás descubrimientos, son leyes, ya sean universales, generales o especiales.

Innova soluciones

¿Qué invento no constituye una solución a un necesidad humana? Son tantos que enumerarlos sería muy difícil.

Ejerce la praxis social

Eso es lo que buscamos: Una práctica científica libre, es decir, ejercida por un sujeto de investigación. No por un ser enajenado, alienado.

“Luis Pasteur no sólo inventó el método químico que lleva su nombre y defiende nuestros alimentos.

También descubrió, entre otras vacunas la que nos salva de los animales enfermos de rabia.

Mucho más difícil fue su combate contra otra rabia: La rabiosa envidia de muchos de sus colegas.

A mediados del siglo XIX, los diarios de Paris discutían cuál sería el mejor manicomio  donde encerrarlo: ¿Charenton o Saint-Anne?”. Termino con este texto de Eduardo Galeano.

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